Malandrino Caletano: barro migrante, memoria viva

 


La cerámica tiene la capacidad única de contar historias sin palabras. En su forma, textura y cicatrices se graban memorias, rutas y tiempos. “Malandrino Caletano” es una de esas piezas donde el barro no solo da forma, sino también sentido. Inspirada en la tradicional vasija italiana conocida como bummulo malandrino, esta obra representa el viaje migratorio de mi familia materna desde el sur de Italia hasta las costas del Perú, evocando una historia tejida entre océanos, guerras y nuevos comienzos.

Mis antepasados partieron de Italia escapando de los estragos de la Primera Guerra Mundial. Su destino final fue el Perú, adonde llegaron por el puerto de Eten, continuando luego su camino hasta el pequeño poblado de San Nicolás, para finalmente asentarse en la Caleta Vidal, en el distrito de Supe. Esta pieza, nacida del barro, recrea ese recorrido, pero también lo transforma: lo vuelve tangible, sensible y compartible.

El bummulo malandrino tradicional —una vasija que parece desafiar la lógica al permitir que el agua fluya sin mostrar un punto de salida evidente— fue el punto de partida formal de esta creación. Sin embargo, Malandrino Caletano se aleja de su origen clásico al integrarse con el lenguaje y las condiciones materiales de la cerámica peruana. Modelada a mano en la plaza de Supe, terminada con detalles y bruñidos en la Caleta Vidal, y cocida a leña en Casa Redonda, la pieza respira y vibra en el mismo territorio que representa.

Aunque la arcilla utilizada no es local, sí es peruana, y sus características particulares —con zonas más toscas, granuladas e irregulares— dieron lugar a una cocción con accidentes visibles, como grietas, texturas abiertas y cicatrices. En lugar de disimularse, estos elementos se mantienen como parte esencial de la estética de la obra, en diálogo con la cerámica precolombina peruana, que muchas veces muestra, más que oculta, las huellas del proceso.

Formalmente, la pieza recuerda a un ají arnaucho, fruto originario del valle de Supe y símbolo de la identidad local. Esta asociación no es casual: así como el ají guarda en su piel los sabores del territorio, Malandrino Caletano guarda en su barro las historias de quienes, como mis abuelos, lo atravesaron buscando un nuevo hogar.

Esta obra no busca una perfección académica, sino una autenticidad emocional y cultural. Es una pieza mestiza: italiana en su forma original, peruana en su barro y su fuego. Es migrante y costeña, silenciosa pero elocuente. Es, sobre todo, una vasija de memoria.

En tiempos donde la migración sigue siendo una experiencia dolorosa y universal, Malandrino Caletano propone un gesto: mirar hacia atrás para entender cómo llegamos hasta aquí, y moldear con barro nuestras propias historias.

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