Frente al cerro que brilla
Moldeé este sahumerio con arcilla de Chulucanas, entre canto de aves y rumor de agua, en un pequeño claro de la chacra raíz, donde el río corre sereno frente a un cerro que —aunque nadie lo entiende del todo— brilla en la noche más oscura. Incluso en luna nueva, cuando no se ven ni las manos, ese cerro triangular, de apariencia caliza, resplandece como si contuviera una luz propia. Una guía silenciosa para los que habitan y crean en este rincón del valle.
Allí, en el anexo Romaní, distrito de Pacarán, moldeé la pieza con las manos húmedas y el corazón abierto. La arcilla reveló pequeños sedimentos dorados, como si el río hubiese querido dejar su propio lenguaje en ella. Fue cocida en horno a leña, y al salir ardiente, la cubrí con cera de abeja para sellar su memoria, su aliento, su fuego.
Todo ocurrió bajo la mirada imponente del apu San Juan, que desde Yauyos observa y protege. La creación no fue solo técnica: fue rezo, escucha, intercambio con la tierra.
Hoy, este sahumerio ha sido entregado en ayni al Inka Amaru, para ser usado en ceremonias ancestrales y pagos a la tierra. Ahora, porta humo y canto, como un puente entre tiempos, encendiendo memorias donde la materia y el espíritu se abrazan.



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